martes, 29 de junio de 2010

NUESTRA PRIMERA HOGUERA

HISTORIAS DE MARINEDA




NUESTRA PRIMERA HOGUERA

Si en tantas ocasiones hemos hecho alusión a que la iniciación en el rito de la piromanía sanjuanera tuvo lugar en aquella simpática y entrañable hoguera que la chiquillería de Rubine y Avda. de Buenos Aires quemaba ante la vieja Casa de Baños de Riazor, no es menos cierto que la revalidación en este rito iniciático la superamos en aquellas mágicas hogueras que los niños de Fernando Macías plantábamos, cada noche de San Juan, en la explanada de Paseo de Ronda, frente al airoso edificio de Torre Coruña, pomposamente titulado como “rascacielos” en una Coruña que luchaba por entrar en la corriente de las ciudades modernas.
La primera de aquellas hogueras, que de alguna manera constituyen los orígenes de la actual Noite da Queima, la quemamos la noche del 23 al 24 de junio de 1962. La noche de aquel sábado del alto junio un grupo de niños coruñeses comenzamos, sin saberlo, a escribir una de las más hermosas páginas de la historia lúdico-festiva de nuestra querida Marineda.

Sin embargo todo aquello tuvo unos prolegómenos. Recuerdo que el año anterior había ardido la que sería la última hoguera de la chiquillería de Rubine; poco después de aquel junio de 1961 vimos, con gran desesperación, como la piqueta acababa con la Casa de Baños de los Dorrego y en su lugar, explanada anterior incluida, comenzaba a levantarse la antiestética mole que aun hoy da remate a los números pares de la calle Rubine justo antes de asomarse a la playa de Riazor.

Con semejante perspectiva pronto nos dimos cuenta que, a falta de otro sitio que no lo había, la continuidad de la hoguera de Rubine se hacía completamente inviable y que aquella hoguera de 1961 sería la que pusiese fin a la tradición sanjuanera de la calle.

Tal vez por haber prendido en mi la chispa de la hermosa tradición hogueril o porque ya advertía, cosa bastante improbable, que la noche de San Juan iba a marcar una buena parte de mi vida, el caso es que desde aquel momento inicié una personal campaña, a modo de cruzada, para lograr que la pandilla de Fernando Macías y alrededores secundasen la idea de quemar una hoguera en la siguiente noche de San Juan.
Mi vinculación con la calle de Fernando Macías venía dada por el hecho de que allí había nacido y allí vivía con mis padres y por lo tanto constituía, de forma natural, mi entorno de pandillas y juegos; sin embargo la ligazón que me unía a la Avda. de Rubine era por ser aquella la calle en la que residía mi abuela materna y por tanto lugar de visita diaria de mi madre a quien yo acompañaba.

Pese a que Fernando Macías como tal no quemaba hoguera alguna en la noche de las lumeradas, principalmente por no tener sitio donde plantarla, si es verdad que las calles aledañas celebraban por todo lo alto la noche de San Juan plantando hogueras en la confluencia de Rey Abdullah con la calle C, hoy Pérez Cepeda; zona baja de la Plaza del Maestro Mateo; calle ancha de Paseo de Ronda y Calvo Sotelo, frente al Colegio de la Compañía de María. Una oferta más que suficiente para satisfacer a mayores y pequeños, especialmente a estos, residentes en el conjunto de calles que envolvían a la de Fernando Macías.

Sin embargo todo aquello, así como tampoco el hecho de que la tradición sanjuanera estuviese perfectamente consolidada en la zona, fueron suficientes motivos para disuadirme de mi voluntad de incluir una nueva hoguera en la panoplia hogueril de aquellas calles.

Tras las primeras intentonas a finales de mayo, fecha tradicional del inicio de acopio de madera para la hoguera, todas ellas frustradas por la reticencia de mis amigos de sumarse al proyecto, no cejé en el empeño y así una tarde soleada de la segunda decena de junio decidí dar el asalto final.

Las vacaciones escolares ya habían comenzado. La mayoría de nosotros habíamos superado con aprovechamiento las pruebas de ingreso en el Bachillerato y esto nos permitía acudir cada mañana y cada tarde, con el permiso de la climatología, a nuestro particular rincón de la playa de Riazor para enfrascarnos en juegos y baños de primer verano.

Aquella tarde había concurrido previamente a casa de mi abuela y tras la visita, tal vez para premiar mi aprobado, aquella maravillosa mujer vestida de negro, me había obsequiado con la nada desdeñable cantidad de cinco duros, 25 pesetas de la época, con el fin de satisfacer alguno de mis múltiples caprichos infantiles. Con aquel billete de 25 pesetas en el bolsillo corrí a la playa a encontrarme con mis compañeros de pandilla.

Allí estaban, como cada tarde, Ovidio García, Carlitos Vallo, José Mª Barcala, Luis Moreno, los hermanos Manolin y Luisín y Pepe Tomé, a quienes de nuevo plantee mi proyecto cara el próximo San Juan. Como quiera que en algunos de ellos siguiera advirtiendo notables reticencias no me quedó más remedio que tratar de “comprar” sus voluntades y así, aprovechando las 25 pesetas regalo de mi abuela, oferté convidar a un helado a cada uno de los que secundasen mi idea. Aquella oferta obró como mágica llave que abre el cofre de los tesoros y un “si hacemos la hoguera” fue la clamorosa respuesta a mi invitación que tuvo como epílogo la obligada visita a la Heladería “La Jijonenca”, que abría sus puertas en una de las últimas casas de la Avda. de Rubine, donde todos degustaron un helado sin duda a la salud de mi abuela quien a la postre resultó ser la esponsorizadora de la iniciativa.
Vencidas las reticencias y con luz verde para el proyecto ya no quedaba más que buscar el sitio idóneo para la ubicación de la hoguera y eso surgió esa misma tarde cuando decidimos que el sitio más apropiado podría ser en la calle ancha de Paseo de Ronda frente al edificio de Torre Coruña, compartiendo espacio con otra hoguera, de muy pocas pretensiones, que plantaba la chavalería de aquella calle.
Otro problema serio de logística que surgió casi de inmediato fue decidir el sitio donde poder ocultar la madera a salvo de posibles “golpes de mano” por parte de alguna hoguera vecina. La cosa generaba serios problemas y durante algunos días nos trajo de cabeza.

Recordaba que los chavales de Rubine guardaban la madera, tanto la que acopiaban por medio de donaciones, como la que obtenían tras arriesgadas razias por obras en construcción próximas, en el corralón del nº 13-15 de la calle; allí la madera y trastos conseguidos aguardaban la llegada de la noche del 23 de junio vigilados atentamente por la mirada inquisidora de alguno de los organizadores que vivía en los inmuebles que asomaban a aquel corralón. Sin embargo semejante lugar quedó descartado de inmediato al no contar con el concurso de ninguno de aquellos chiquillos; así que se me ocurrió recurrir nuevamente a mi abuela y pedirle permiso para utilizar, como eventual almacén, una vieja carbonera que poseía en la buhardilla de su casa. Concedido el pertinente permiso, pronto se inició el acopio de leña para la quema que comenzó a ser depositada en la vieja carbonera a salvo de la codicia de los chavales de otras hogueras.

Los días fueron transcurriendo y pronto advertí en todos y cada uno de mis amigos que la ilusión que no habían demostrado al principio surgía ahora a borbotones con solo mirar sus rostros; al final nos habíamos empeñado en una empresa que a todos nos producía una atracción especial.

El haber aprobado el ingreso en el Bachillerato, todo un hito a nuestros diez años, traía aparejado como es lógico el correspondiente regalo paterno por semejante hazaña escolar. No se trataba de un regalo más o menos ostentoso como cualquiera de los que recibíamos por Reyes o el día de nuestro Santo, era simplemente un pequeño obsequio para recordarnos que cualquier esfuerzo tiene su recompensa. En este sentido, unos pedían a sus padres el dinero necesario para pasar una tarde en el “Cerebro electrónico”, una sala de juegos con máquinas recreativas que había en la calle de los Olmos; otros para la compra de un libro o un disco de vinilo de los cantantes de moda y yo, sin embargo, le pedí que me comprase dos globos de papel, por un valor de 50 pts., para lanzar la noche de San Juan como complemento a nuestra hoguera.

Así fue, mi padre me libró gustoso el dinero necesario para la compra de los dos aeróstatos que verifiqué en un comercio coruñés de toda la vida, ya desaparecido, “el Arca de Noe”, situado en la calle ancha de San Andrés. Me acompañó mi amigo Ovidio García quien, emulando mi petición y por idéntico motivo, consiguió que su padre también aportase el dinero necesario para la compra de un tercer globo.

Poco a poco los preparativos se fueron ultimando y los días se deslizaron vertiginosos hasta llegar al siempre anhelado 23 de junio, una fecha que, desde aquel momento, remarcamos en rojo en nuestros calendarios personales. Los nervios fueron haciendo acto de presencia a medida que el día de autos se aproximaba más y más a nosotros.

La mañana de aquel día amaneció radiante, el sol del recién estrenado verano brillaba con fuerza lo que hacía presagiar un magnífico nocturno. Yo no había pegado ojo en toda la noche, el deseo de que amaneciese cuanto antes, comparable tan solo al que sentía la noche de Reyes, me permitió escuchar, una a una, todas las horas y medias marcadas puntualmente y con repetición por el carillón de la sala de estar de la casa de mis padres. En cuanto pude me levanté azuzado por el ruido de los petardos que explosionaba la chavalería y tras el obligado aseo personal salí a la calle en busca de mis amigos. No quedaban demasiadas horas para la llegada de la noche y el trabajo que nos restaba por hacer era mucho.

De inmediato tras buscar el sitio exacto donde íbamos a plantar nuestra hoguera comenzó, como si de un desfile de hormigas se tratase, el trasiego de maderas, trastos viejos y cachivaches de todo tipo que habíamos ido amontonando en la carbonera de mi abuela. No nos olvidamos de pasar por el fabriquín de carpintería de don Juan, en la calle de Rubine, donde tanto él como su hijo Xanete nos permitieron acopiar una buena cantidad de recortes de madera y serrín que sirvieron para colocar como base de la pira para su mejor cremación.

Don Juan ha sido uno de esos hombres generosos que de forma cariñosa y desinteresada siempre estuvo dispuesto a colaborar con nosotros en los inicios de nuestras andanzas sanjuaneras. Uno de esos hombres para recordar y con quien la Comisión Promotora de las Hogueras mantiene una deuda de gratitud.

Tras concluir el traslado de la madera comenzamos a preparar la pira. Lo primero fue hincar en el suelo el palo mayor o central, eje de toda la hoguera, y una vez hecho esto fuimos distribuyendo la leña y trastos viejos a su alrededor hasta dejar presentada nuestra primera lumerada de San Juan ante la emocionada mirada de todos los que habíamos tomado parte en su gestación.

Quedaba un último detalle. Teníamos que rematar la hoguera de alguna manera y a falta de muñeco o pelele que colocar, José Mª Barcala pensó en la posibilidad de quemar un viejo cañón de madera que tenía en su casa. Corrió a buscarlo y de inmediato lo aseguró al remate del palo mayor quedando situado en oblicuo con este. Pese a todo seguía faltando algo con que rematar realmente la pira. No puedo precisar a quien pero a alguien se le ocurrió colocar la cruceta que unía las patas de una vieja silla de mimbre que iba a ser quemada en la hoguera. De esta forma la imagen resultante evocaba a un cañón que defendía o protegía una cruz. El resultado final nos pareció muy estético y de esta guisa quedó lista la hoguera para ser quemada.

Durante toda la tarde y noche repartimos turnos de guardia para velar la hoguera en evitación de cualquier tipo de sorpresa y así aguardamos a que el nocturno se apoderase de la ciudad que se aprestaba ya para vivir una nueva noche de San Juan.

A la hora prevista, las doce en punto ya del día de San Juan, acompañados de nuestros padres y de algunos vecinos y curiosos, elevamos al cielo los tres globos de papel ante la expectación de la concurrencia que aplaudió el buen hacer de toda nuestra pandilla. Finalmente encendimos la hoguera y tras danzar a su alrededor lazados por nuestras manos aguardamos que las llamas perdiesen intensidad para iniciar los saltos rituales que culminamos con éxito. Luego, tras los abrazos de rigor para felicitarnos por la misión cumplida, regresamos a casa de la mano de nuestros padres soñando con nuevas noches de hogueras que ya se avecinaban próximas.

Recuerdo que yo me fui, además de con mis padres y mi hermano Calín, un chiquillo de cinco años, con José Mª Barcala y con Carlos Vallo y los padres de ambos. Durante el corto trayecto hasta el portal de mi casa no dejamos de hacer planes para la siguiente edición que, por alguna extraña razón, ya deseábamos empezar a preparar.

La cama nos acogió benévola y reparadora y el sueño nos sorprendió enseguida trasladándonos a un universo de proyectos en los que nuevas noches de San Juan brillaban con luz propia.

A la mañana siguiente José Mª Barcala, Carlitos Vallo y yo volvimos a la calle ancha de Paseo de Ronda para reflexionar alrededor de los rescoldos de nuestra primera hoguera y allí surgió lo inexplicable, en el medio de la cenizas, prácticamente intacta, se hallaba la cruz de mimbre que se había negado a arder. Nos miramos sorprendidos sin saber muy bien que decir ni que hacer y esa indecisión nos evitó guardar para la posteridad aquella cruz de mimbre que, por alguna razón que ignoramos y que está fuera de toda lógica, no quiso ser pasto de las llamas.

Aquella fue nuestra primera hoguera de San Juan y hoy, casi cuarenta y nueve años después, nuestra vocación sanjuanera lejos de decrecer se ha ido incrementando logrando que la fiesta se haya consolidado como la más importante de La Coruña. Tal vez aquella cruz que no ardió, a la postre tenga algo que ver en todo ello.
José Eugenio Fernández Barallobre

jueves, 24 de junio de 2010

A CORUÑA SALE A LA CALLE, EN LA NOCHE DE SAN JUAN Y REINVIDICA ASÍ LA FESTIVIDAD DEL DÍA.

A CORUÑA SALE A LA CALLE, EN LA NOCHE DE SAN JUAN Y REINVIDICA ASÍ LA FESTIVIDAD DEL DÍA.
La Opinión. La Voz de Galicia.



En una noche caracterizada por las altas temperaturas, la ciudad de A Coruña salió masivamente a la calle a celebrar el día de San Juan. A media tarde, las playas de Riazor y Orzán eran un hervidero de gente en donde se entremezclaban los bañistas y los sanjuaneros que daban forma a las hogueras que arderían poco después de finalizar la sesión de fuegos artificiales, pasadas las 12 de la noche.

Por primera vez los arenales de Riazor y Orzán fueron uno solo, después de las obras acometidas por el Ayuntamiento Coruñés, contribuyendo así a dar más cabida y realce a la fiesta de San Juan.

En el paseo marítimo, la comitiva de San Juan estuvo formada por dos carrozas. En la primera iban las Meigas Infantiles con su Meiga Mayor Paloma Crespo y a continuación la de la Meiga Mayor Nadia Quintela y sus damas de honor. Entre ambas carrozas formaron un grupo de trompetas y tambores y grupos de gaitas.

El fuego de San Juan, portado por diversos atletas coruñeses y escoltado por una veintena de motos de alta cilindrada se utilizó para el encendido de la HOGUERA UNIVERSAL en cuyo interior había astillas de Alemania, Australia, Bélgica, Brasil, China, Cuba, Estados Unidos de América, Francia, Israel, Nepal, Nueva Zelanda, Polonia, Portugal, República Checa, Suiza y Tailandia y de diversas provincias españolas.

El encendido de la traca incendiaria fue recogido por las cámaras de televisión de TELE CUATRO, del nuevo canal de televisión del grupo La Voz de Galicia, V y por reporteros de varios medios locales y nacionales.

Las Meigas observaron la sesión de fuegos artificiales con la ilusión que las caracteriza, viviendo el encendido de la hoguera entre los nervios del momento y el susto del estruendo de la traca.

Alberto Veira

Álbum de fotos del evento

viernes, 18 de junio de 2010

"La Coruña se merece un San Juan festivo de una vez por todas"

"La Coruña se merece un San Juan festivo de una vez por todas"


Se siente coruñesa al 100% y allá a dónde ha ido lo ha proclamado a los cuatro vientos. Después nueve años en Madrid, echando de menos la fiesta de San Juan, Nadia Quintela regresa a la ciudad que la vio nacer “por la puerta grande”, como ella misma confiesa. Su gran ilusión sería que el 24 de junio sea festivo local y que, este año, más que nunca la hoguera espante la crisis. Así es la Meiga Mayor de 2010.

_Cuéntanos brevemente quién eres, a qué te dedicas y por qué te presentaste para ser Meiga Mayor.

Mi nombre es Nadia Quintela Rodríguez, tengo 26 años y soy periodista. Comencé a trabajar muy jovencita en la radio en Madrid, donde desarrollé prácticamente toda mi experiencia profesional. Después de 9 años, he regresado a La Coruña y qué mejor manera de hacerlo que representando a mi ciudad en una fiesta tan emblemática como la de San Juan.

_¿Cómo definirías la experiencia? ¿Qué es lo mejor y lo peor?

En enero, cinco días después de haber sido elegida, el Alcalde me invitó a Fitur. Fue una experiencia fantástica representar a la única fiesta local de interés turístico nacional pero confieso que lo verdaderamente emocionante para mí fue el acto de proclamación en el Ayuntamiento, el pasado 16 de abril. Si tengo que ver un lado negativo a ser Meiga es la agenda llena de actos que debo compatibilizar con el trabajo. De mi experiencia como Meiga de Honor en 2000, no tengo malos recuerdos. Todo lo contrario. De no haber sido así, no me hubiera presentado este año.

Sumario: Representar a la ciudad en una feria turística como Fitur fue una expericia increíble.

_¿Cuál es el primer recuerdo que tienes de las hogueras?

Las hogueras de San Juan las asocio a mi infancia en el barrio de Elviña. Las clases habían finalizado y todos los niños del edificio nos juntábamos para recoger leña y dinero para la gran sardiñada. Esa noche me armaba de valentía para saltar la hoguera. Siempre en número impar. Al final lo conseguía aunque fuera la hoguera pequeña.

_¿Churrasco o sardinas?

Ummm… ¿debería decir sardinas, verdad? ¡Pero es que yo soy de carne! Así que me quedo con el churrasco. ¡Me encanta!

_¿La calle o la playa?

Ambos. El San Juan coruñés ofrece las dos posibilidades. Ahí está su esencia. El paisaje espectacular de Riazor y Orzán lleno de fuego al borde del mar; y los barrios entregados a la fiesta local con la reunión de sus vecinos. He tenido la suerte de vivirlo de las dos maneras.

**sumario: El San Juan coruñés permite disfrutar de playas y de los barrios. Ahí está su esencia.

_¿Cómo te gustaría celebrar tu particular “reinado” en esta fiesta singular?

Mi ilusión, y sé que la de muchos coruñeses, sería celebrarlo sin tener que madrugar al día siguiente. Es decir, que el 24 de junio fuera festivo. Pero si pienso en esa noche, me gustaría que los coruñeses, forasteros y demás visitantes, se volcasen con la fiesta como nunca. Y allá dónde fueran hablasen de La Coruña y su fiesta por excelencia.

_¿Consideras que el día de San Juan debería ser festivo?

Por supuesto. Sin ninguna duda. Además sabiendo que esta propuesta cuenta con todo el apoyo popular. La pena es que San Juan todavía no sea festivo por una cuestión política. Estoy segura que, quienes ponen impedimentos, también disfrutan de las hogueras y al día siguiente no hay quién los levante. Independientemente de eso, San Juan tiene el seguimiento, la proyección e importante suficientes para que logre ese reconocimiento de una vez por todas.

_¿Qué cambios crees que habría que introducir para potenciar las celebraciones?

Sería fantástico que en la noche de San Juan hubiera música tanto en Riazor como en el Orzán. En la zona de la Plaza de Portugal más dedicada a la familia, con verbena; y en el Orzán, más juvenil, por ejemplo, sesiones de DJ's. Me gustaría que la organización de las Hogueras contase con más apoyo institucional. Con una fiesta de interés turístico nacional debería ser así. En Valencia, nadie se olvida de la fallera y tiene los apoyos suficientes para continuar la tradición sin trabas económicas ni administrativas. El San Juan coruñés se lo merece.

Sumario: Sería fantástico que amenizar la noche de San Juan con música en Riazor y el Orzán. Me gustaría que las Hoguera contasen con más apoyo institucional.


Esta entrevista fue publicada en la revista "El Ensanche" y reproducida en este blog con el consentiemiento de la editorial, gracias a su director y buen amigo Gerardo Crespo.
Foto: A. Veira.

viernes, 11 de junio de 2010

“Ser Meiga Infantil es muy divertido”

Paloma Crespo Canel tiene 12 años y estudia 6º de Primaria en el colegio Montespiño


“Ser Meiga Infantil es muy divertido”


A pesar de su juventud, Paloma Crespo tiene muy claro sus responsabilidades como Meiga Mayor Infantil 2010, un deber que no le impedirá disfrutar al máximo de su reinado con sus compañeras de corte y también amigas.

La timidez la disimula con una sonrisa pero, si fuese necesario, esta joven coruñesa, fan de Hanna Montana y de la gimnasia rítmica, daría a conocer el San Juan coruñés por el mundo entero. Le gustan las sardinas, pero su plato favorito es la pizza de cuatro quesos.


Paloma, cuéntanos qué es para ti ser la Meiga Mayor Infantil 2010.

Es muy divertido, conoces a mucha gente y te sientes importante

Además, ya tienes experiencia como Meiga de Honor…

Fui Meiga de Honor Infantil el año pasado pero me hacía ilusión ser este año la Meiga Mayor Hacen cosas nuevas, más importantes… aunque todavía no lo sé hasta que no empiecen los actos. Lo que más me gustó el año pasado fue la proclamación (Fiesta del Solsticio de Verano), la cena gala e ir en la carroza… Es lo más bonito.

En La Coruña, mayores y pequeños, saltan la hoguera, ¿eres de las que cumple la tradición?

El truco está en saltar la hoguera pequeña así no te quemas. El problema cuando eres Meiga es el vestido, pero este año, Nadia y yo lo intentaremos igualmente.

El mes fuerte de actividad para las Meigas será en junio, pero Paloma y sus compañeras ya han compartido momentos divertidos, ¿qué nos puedes decir de tus compañeras?

Todas son muy majas, muy divertidas, las niñas que me caen muy bien… y hablamos mucho.

Ser Meiga Mayor Infantil tiene muchos deberes y responsabilidades, una labor que siguen de cerca los medios de comunicación ¿te gusta que te hagan entrevistas? Porque dicen los pajaritos del barrio que eres un poco tímida…

(Se ríe) Sí, me gusta salir en la televisión, en la radio y en los periódicos.

Paloma, conoces muy bien El Ensanche ya que eres vecina de este barrio. ¿Te atreverías a decir lo que más te gusta de él?

Me gusta mucho el barrio en el que vivo. Mi lugar preferido de la ciudad es la Plaza de Vigo los sábados por la mañana cuando voy a jugar con mis primos.

Esta entrevista fue publicada en la revista  "El Ensanche" y reproducida en este blog con el consentiemiento de la editorial, gracias a su director y buen amigo Gerardo Crespo.
Foto: A. Veira.

viernes, 28 de mayo de 2010

Pregón de la Fiesta del Aquelarre Poético, de Carlos Marcos.

PREGÓN HOGUERAS DE SAN JUAN, MAYO 2010.



Autoridades, Meiga Mayor, Meiga Infantil, queridos coruñeses:

Debo comenzar por reconocer que una de las pocas referencias emblemáticas de mi infancia, que permanece, son las Hogueras de San Juan. Lo digo porque nací en la ciudad de La Coruña, que ya no se llama así, mas concretamente en la calle Rey Abdullah, en el Hospital del Dr. Marcial Palleiro, que ya no existe, y crecí en la calle Teniente Coronel Teijeiro para la que ya se busca otro nombre.

Así pues, para mí, un coruñés de la Ciudad Jardín, que ha vivido desde niño el humo de las piras de madera carretadas por generaciones y generaciones de coruñeses, y coruñesas, no se me vayan a alterar los y las de igualdad, así pues decía, vivimos un acto festivo, que no día, lamentablemente, y lúdico en el que el derroche de léxico no es un problema; es un verdadero honor haber sido invitado a ejercer el muy noble oficio de pregonero de una fiesta que forma parte del ADN coruñés, que tan orgulloso llevo en mi sangre, y me gusta recordar y defender cuando es menester.

Tenemos un gran Patrona, La Virgen del Rosario, pero cualquier herculino que se precie reserva una parte de su corazón a esta gran fiesta que nos anuncia el verano y la llegada de los días mas festivos de la ciudad. San Juan, que era el niño bonito de Jesucristo, como bien sabrán los aficionados a las lecturas más religiosas, y por supuesto todos los católicos como yo, encarna en buena medida la esencia del coruñesismo.

Y es que se trata de una festividad religiosa directamente entroncada con las celebraciones paganas. En realidad lo que festejamos en la mágica velada de la noche del 23 de Junio es el solsticio de verano, una tradición que ya está registrada en los anales del imperio romano como la fecha consagrada a agradar a los dioses para conseguir la mejor de las cosechas posible para afrontar el duro invierno y, como ahora, los caprichosos impuestos que, a su antojo y capricho, fijaban los gobernantes de entonces. Han pasado siglos y parece no haber cambiado nada.

Después de mucho estudiar, juro que no he sido capaz de hallar la referencia histórica que vincule esta tradición a La Coruña. Los romanos no hacían más que adoptar las costumbres de aquellos lugares por los que iban pasando. Y los celtas, los primeros coruñeses, tenían en el cielo su única guía para saber lo que se les iba a venir encima. Poco han cambiado las cosas, no hay más que ver la que ahora está cayendo.

Como ese espíritu siempre ha ido aparejado al carnet de coruñés, la celebración del solsticio de verano se fue disfrazando de diferentes formas hasta llegar a nuestros días, recuperando, poco a poco, el carácter pagano con el que vio la luz la primera hoguera.

Hoy, cuando se piensa en San Juan, no se piensa ni en la visita del Papa, Benedicto se lo pierde, ni en la Iglesia. Y no por que no haya curas devotos, que los hay, sino porque lo primero que se nos viene a la cabeza son las hogueras, las sardinas y, últimamente, el churrasco de la Ronda de Outeiro, la Playa y los amigos. Y una vela a la Virgen del Rosario para que ese día haga buen tiempo. La vertiente religiosa queda para los menos, porque la resaca suele impedir cumplir honores al Altísimo. Bueno, algunos vecinos con problemas de sueño seguro que le dirigen alguna plegaria esperando minimizar los ruidos de los fuegos o el bullicio que llena esa noche coruñesa.

Mucho mérito de lo que hoy aquí tenemos que celebrar es de la Comisión Promotora de Hogueras de San Juan. Permítanme que haga referencia a mis recuerdos de la infancia. Tuve la suerte de disfrutar del mar de Riazor cuando no había Paseo Marítimo y de las hogueras desde antes de tener uso de razón.

Pienso que las OPAS, que están tan de moda en el mundo económico actualmente, las inventaron, hace ya muchos años, Cheché y Calín, los hermanos Barallobre, entre otros, que nos convencieron para dejar de hacer la fogata en la Ciudad Jardín para sumarnos a la de la Compañía de María, la suya, hoy la de todos los coruñeses. Ya en aquel entonces los promotores demostraban dotes de mando y así, cuando me di cuenta, mi trabajo y el de mis amigos consistía en carretar madera desde la Ciudad Jardín a la Compañía de María, eso sí, Cheché no se cansaba de recordarnos que tuviéramos cuidado con los clavos.

A medida que fui creciendo, San Juan siguió siendo para mí una noche mágica. Tras la Semana Santa, donde me tocaba visitar iglesias con mis padres, hasta siete creo recordar, disfrutaba al máximo con mis amigos a la espera del San Juan, y ya entonces la Comisión Promotora de las Hogueras de San Juan iba dando forma a un grupo de entusiastas que pretendían recuperar una tradición que se mantenía, mas por la memoria de los coruñeses que por el arraigo histórico que ya he confesado no soy capaz de localizar.

Dice la historia que la Comisión Promotora de las Hogueras de San Juan de La Coruña comienza su andadura en Junio de 1970. He tenido que bucear en mi memoria pero casi podría asegurar que aquel año ya carreté madera al Paseo de Ronda, hoy, de momento, Avenida de Calvo Sotelo, donde se celebraba el primer acto público con la quema de la hoguera y se proclamaba a la que sería la Primera Meiga Mayor, Estrella Pardo Castiñeiras, rodeada de sus cuatro Meigas de Honor.

Muchos de los que hoy estáis aquí sois amigos o conocidos de la infancia. Y a vosotros Cheché, Calín y Conchita os cabe el honor de haber conseguido recuperar del arcón del olvido la llamada “noite meiga” de la que hoy disfrutan con placer decenas de miles de personas que cada año sueñan con un verano mejor asomándose al Atlántico desde la incomparable bahía de Riazor.

Hoy, la fiesta, gracias a Dios, no la discute nadie. Y es que a lo largo de estos últimos 40 años se han multiplicado las apariciones en los medios de comunicación de todo el mundo que han contribuido a la mejor promoción de la fiesta más coruñesa, con permiso del Carnaval, patrimonio de la Calle de la Torre y de la festividad del Rosario. Así, la playa de Riazor repleta de gente e iluminada por un sin fin de pequeñas hogueras ha servido de estampa para los programas de TV y medios de comunicación en general. Su repercusión es tal que en 1999, tras una larga batalla contra toda clase de prejuicios, se logró que el Consello de la Xunta de Galicia la declarase “Fiesta de Galicia de Interés Turístico” y mas tarde, en el 2003 el Ministerio de Economía le concedió el titulo de “Fiesta de Interés Turístico Nacional”.

Con el flanco de la salud institucional bien cubierto, al San Juan coruñés no han parado de salirle novios políticos de ocasión. Esos que un día defienden que sea una fiesta local y al contrario intentan menospreciar la presencia de la Meiga Mayor en FITUR como hemos podido ver hace apenas un par de años. O como esos otros que escudados en el “no hay dinero”, la peor de las excusas que puede argumentar un gestor público que se precie, impiden aumentar el nivel de una festividad que, insisto, es ya todo un icono coruñés. Por que la gran virtud del San Juan es su carácter democrático. Vale con un pequeño espacio, unos maderos viejos, un grupo de amigos y, sobre todo, la necesidad de evadirse por un rato de la dura realidad.

Yo, me vais a permitir, quiero aprovechar este brindis de una fiesta que me retrotrae a mi mas tierna infancia, y quiero recordar a mi familia, a mis amigos, a los que ya no están y, por supuesto, a mi mujer y a mis tres hijos con los que espero seguir saltando durante mucho tiempo la hoguera de las envidias y quemar en ella toda clase de desgracias y disgustos.

Como quiera que saltar la hoguera es el penúltimo de los rituales de la noche mágica, permitidme también hacer aquí, en voz alta, mi particular reflexión de todo lo que quiero dejar atrás este San Juan del año 10 del siglo XXI:

• Quiero que en la pira purificadora arda la crisis y la mediocridad de los que nos han metido en ella. Y que   de las cenizas resultantes salga empleo para todos, para que la emigración siga siendo un recuerdo.

• Quiero que quienes nos representan nos hagan sentirnos representados y que compartan las mismas preocupaciones que los ciudadanos sufrimos.

• Quiero que sea el año del AVE, de la ampliación de Alvedro, de la finalización de la Tercera Ronda y de la desaparición de las listas de espera.

• Quiero que arda la intolerancia y se abra paso para siempre a la libertad, incluso, para poder elegir el idioma en el que queremos educar a nuestros hijos.

• Quiero también que se incremente el arraigo y el sentimiento coruñés y que defendamos, sin complejos, la “L” de la libertad, para que no quepan imposiciones que van contra los sentimientos y los deseos de las personas.

Me temo que ya he abusado de su generosidad y de su tiempo. Podría estar horas y horas enunciando deseos para que la primera agua mágica de la mañana de Riazor nos bendiga a todos los coruñeses y a los que nos visitan y que nos permita seguir disfrutando de nuestra ciudad y de la protección de nuestro Faro, nuestra amada Torre de Hércules, para que todos encontremos la felicidad allá donde la busquemos. A estas alturas prefiero que cada uno de Vds. complete su propia lista de peticiones y quiero rematar este pregón deseando que la férrea salud de las Hogueras de San Juan, que son un símbolo inequívoco del trabajo colectivo y voluntario para crear, desde la precariedad mas absoluta, un auténtico evento de prestigio mundial. Como lo hemos hecho siempre los coruñeses, con solidaridad, trabajo y fe en nuestra ciudad a la que todos queremos.



¡¡¡ Viva San Juan !!!



¡¡¡ Viva La Coruña !!!


F/Carlos Marcos

Presidente de Unión Coruñesa

jueves, 27 de mayo de 2010

Pregón del la Fiesta del Solsticio Poético, de Jénnifer Bermúdez

Buenas noches:




Autoridades presentes.

Querida Paloma, Meiga Mayor Infantil; Nadia, Meiga Mayor; Meigas de Honor, Alejandra, compañera y amiga de experiencia y aventura, Meiga Mayor Infantil 2009.

Señoras y señores:
Comisión Promotora de las Hogueras de San Juan, gracias una vez más por el apoyo y confianza que habéis depositado en mí, de no haber sido así hoy no me encontraría aquí leyendo este pregón; gracias por haberme acogido en este gran colectivo; porque nunca olvidaré que gracias a vosotros he disfrutado de la experiencia de ser Meiga de las Hogueras de San Juan.

Después de tanto agradecimiento he de ser sincera, cuando Cheché me propuso ser la pregonera de esta entrañable fiesta, se me pasó por la cabeza decirle que “no”; aunque debido a mi timidez me salió un entrecortado “bueno…”; que él dedujo en un rotundo sí. Mis dudas venían de que poco podría aportar yo a algo que ha contado con oradores documentados con una excelente expresión literaria. Sin embargo aquí estoy, haciendo constar mi cariño, alegría y admiración por todos vosotros.

Hace poco, cuando tuvo lugar la imposición de las bandas a las Meigas en el Ayuntamiento, terminado el acto, estaba yo en la plaza de Mª Pita con mis buenas amigas Paloma y Alejandra, ellas me preguntaron de que hablaría en este pregón y yo asombrada por su curiosidad les respondí: “¿de qué os gustaría que hablase?”. Apresuradamente Alejandra me contestó: “del día de las carrozas”.

Ese día que mi homónima recuerda con ilusión, es el 23 de junio, noche de las hogueras de San Juan. Y ¡como no hablar de ello!, pero no sin antes hacer un pequeño honor al nombre de tan singular fiesta solsticial.

Pues bien, la celebración del solsticio de verano, es tan antigua como la misma humanidad. En un principio se creía que el sol no volvería a su esplendor total, pues pasado este, los días eran cada vez más cortos. Por esta razón, fogatas y ritos de fuego de toda clase se iniciaban en la víspera del pleno verano, para simbolizar el poder del sol y ayudarle a renovar su energía.

Aún no ha llegado el solsticio de verano, pero hoy estamos aquí queridas Meigas, celebrando el Solsticio Poético y con el, el inicio de los innumerables actos culturales y lúdicos que vosotras presidiréis, tales como conciertos en la calle, espectáculos de baile, comitivas… que simbolizan la llegada de las fiestas de San Juan a nuestra ciudad y que perdurarán hasta el 30 de junio.

Son días cargados de actividad festiva que se os irán escurriendo de las manos sin que podáis agarrarlos y cuando os deis cuenta ya estaremos a 23 de junio.

Noche en la que se abren de par en par las invisibles puertas del otro lado del espejo: hadas y deidades andan sueltos por los campos. Se permite el acceso a grutas y castillos encantados; donde se liberan de sus prisiones y ataduras las reinas moras, princesas e infantas cautivas a la merced de un embrujo o maldición. Braman los dragones y vuelan los caballucos del diablo. Salen a dar un vespertino paseo a la luz de la luna seres femeninos misteriosos en torno a sus infranqueables moradas. Afloran enjambres de espíritus duendiles amparados en la oscuridad de la noche, y en los matorrales, las gallinas y los polluelos de oro hacen ostentación de su aúreo plumaje tentando a algún que otro incauto codicioso a que les echen el guante. Las mozas enamoradas sueñan y adivinan quién será el galán que las despose, las plantas venenosas pierden su dañina propiedad y, en cambio las salutíferas centuplican sus virtudes; el rocío cura ciento y una enfermedades y además hace más hermoso y joven a quien se embadurne todo el cuerpo…

En esta noche se abre la puerta que nos introduce a las dimensiones mágicas de la realidad. Definitivamente no es un día como los demás.

Recuerdo de mi experiencia como Meiga, ese día como si fuese ayer…

Comenzaba el día con actos programados desde las 10.00 de la mañana, la cita era en el paseo marítimo por la zona de la Torre de Hércules para rendir homenaje mediante una ofrenda floral ante el monumento a S.M el Rey Alfonso IX. Al acabar el acto una de mis Meigas de Honor y yo, cogimos el coche, nos dirigíamos hacia el Cantón Grande, junto al Obelisco para dar salida a la comitiva del encendido del fuego de San Juan y de la ofrenda a Nta. Sra. del Rosario, Patrona de la ciudad.

Decidí ir bordeando el paseo marítimo, quería ver falla de cartón piedra, la cual quemaríamos pasadas unas horas. Allí estaba, en la playa de Riazor, acordonada por los finos encajes que la espuma del mar dibujaba en la arena. ¡No podía ser otra! Una fuerte e hidalga Torre de Hércules compartía espacio con los bañistas y con aquellos que iban apilando palés y maderas, preparándose para la fiesta nocturna, nos quedamos mi compañera y yo mirándola embelesadas pero el tiempo nos pisaba los talones y sin más predilección nos fuimos a cumplir con el deber.

La comitiva de la víspera de San Juan, tenía un par de paradas, la primera en la Venerable Orden Tercera de San Francisco donde tendría lugar el encendido del fuego de San Juan y la bendición de los maderos del San Juan Universal; en segundo, en la iglesia de Santo Domingo donde las Meigas realizamos una ofrenda floral a Nuestra Señora del Rosario y la Meiga Mayor Infantil y yo dimos lectura a unas oraciones que nosotras mismas habíamos confeccionado. “Tu nombre me suena a paz, tu nombre me suena a bondad…”, así empezaba la oración de la pequeña que con timidez y dulzura nos encandiló a todos los presentes.

La comitiva finalizaba en la plaza de María Pita con la recepción en el palacio municipal ofrecida por el Excmo. Sr. Alcalde de la Ciudad, Javier Losada.

A primeras horas de la tarde se podía ver como la gente, sobre todo los jóvenes, comenzaban a desfilar por la plaza de Pontevedra hacia la bahía coruñesa. Yo, por el momento tenía que esperar, tenía una visita en la residencia de mayores Caser, en la Zapateira. Llegué allí ataviada de traje regional, lo cual no pasó inadvertido entre sus residentes. Allí también celebraban el San Juan. Tenían una hoguera situada en el centro de una pequeña placita. No faltaban las sardinas y los cachelos, así como la música y algún que otro bailoteo.…

El sol comenzaba a batirse en retirada y fue en ese momento cuando las primeras hogueras comenzaron a extender su velo de humo por toda la ciudad y con él, también el aroma inconfundible de las sardinas y del churrasco que se mezclaba con las ropas y bañaba el cuerpo arrastrando el pensamiento a disfrutar y contagiarse del humor festivo de las hogueras de San Juan.

Yo me dirigía a la calle del Sol de donde saldría la cabalgata de San Juan, los carteles de Noite da Queima na Cidade Meiga adornaban escaparates y puentes. La gente, asombrada al verme con mi traje de gala y mi banda gritaba: “¡Es la Meiga Mayor!”, “¡Ahí va la Meiga Mayor!”

¡Era tanta la gente que había en la zona de Riazor-Orzán, tanta la alegría que se percibía!

Sobre las 23.00 daba comienzo la cabalgata un desfile lleno de música, luz y color que recordaba al Carnaval de unos meses antes.

Al ritmo de las gaitas y de las comparsas llegamos al palco situado enfrente de la falla que por la mañana me había conquistado. Transcurrió todo muy rápido, muchísimo más de lo que a mí me hubiese gustado, en cuestión de segundos Laura, Meiga de Honor de este año nos dio la antorcha con el fuego que esa misma mañana había sido bendecido. Alejandra y yo la cogimos y la acercamos a un cordelito que al instante llevó la chispa que prendió la hoguera. Comenzó a levantarse el fuego de forma arrolladora. ¡Era impresionante! Rápidamente fue devorada por las llamas ante la atónita mirada de los asistentes, arropados por el calor que de ella se desprendía. Y cuando las llamas estaban controladas por los bomberos, siguieron los fuegos artificiales, que dieron paso a una larga madrugada. Fue en ese momento cuando sentí que un pedacito de mí se había quemado en esa falla, un pedacito de mi experiencia como Meiga Mayor que allí se quedaba y que no volvería jamás. Y aquí dejo esta historia, con un sentimiento de tristeza arropado por el abrazo incondicional de mí siempre amiga Alejandra.

Para finalizar me dirijo a vosotras, Meigas.

Estáis todas preciosas, guapas, elegantes; parecéis finas figuras de porcelana donde anidan el amor, la simpatía, la bondad… Vuestra donosura y garbo se complementan con la melosidad de la mujer coruñesa. Y es eso, lo que os hace Meigas. No olvidéis nunca lo que sois ni lo que representáis; porque sois Meigas representación de la juventud, de la elegancia cautivadora de la mujer coruñesa y de las fiestas de nuestra ciudad. No reneguéis en un futuro de lo que fuisteis, y decídselo con orgullo a vuestros hijos y nietos; y cuando veáis a una niña con la banda distintiva de las hogueras de nuestra ciudad, acercaros a ella y decidle “yo también fui Meiga de las Hogueras de San Juan”. Entregaros a nuestras Fiestas, porque son parte de nuestro propio ser, de nuestro sentimiento.

Tened la esperanza de que vuestras vivencias se verán enriquecidas al lado de la Comisión Promotora de las Hogueras de San Juan, porque este año será especial para todas vosotras.

Así que Paloma, coge a Nadia de la mano, montaros en vuestras escobas de brujas buenas y, ¡volad!, ¡volad muy alto! Animando a todos los coruñeses a disfrutar de esta celebración.

Por último, y como si de la moraleja de un cuento se tratase, un deseo a modo de petición:

No decaigáis en el pesimismo ni en la decadencia y seguid luchando por un San Juan festivo. La iniciativa ya se había llevado a cabo en años anteriores, pero fue el año pasado cuando recibimos el amplio respaldo de nuestros vecinos de La Coruña. Me hubiese hecho mucha ilusión haber acabado el año habiendo conseguido mi propósito. No ha podido ser; parece que necesitamos la intercesión de alguna fuerza divina; pero si algo he aprendido es a perseverar en lo que uno quiere, y Hogueras de eso sabe bastante, por ello tengo la esperanza de que pronto lo conseguiremos, y será ahí cuando realmente vea finalizadas mis vivencias como Meiga.

¡Feliz San Juan a todos!

Muchísimas gracias.

domingo, 23 de mayo de 2010

FIESTA DEL SOLSTICIO POETICO, ACTO DE EXALTACION DE LA MEIGA MAYOR INFANTIL.

FIESTA DEL SOLSTICIO POETICO, ACTO DE EXALTACION DE LA MEIGA MAYOR INFANTIL.


En la tarde de ayer sábado día 22, en el Paraninfo del Instituto Eusebio da Guarda, se celebró la XXIII Fiesta del Solsticio Poético. En dicho acto quedó proclamada Paloma Crespo Canel como XXXVII Meiga Mayor Infantil.

La Meiga Mayor estuvo acompañada de sus Meigas de Honor; Pilar Sánchez-Albornoz Perala; Celina Calvo Brañas; María Díaz Pereira; Julia Doval Ordóñez; Lucía Fernández Ricoy; Ana Mª Sánchez-Tembleque Rial; Denis Suárez Barral y Laura Vázquez Andrés.

El acto comenzó con la actuación del tenor Francisco José Prego y la soprano Tabea Grassent interpretando piezas de ópera y zarzuela.

Después de escuchar la poesía “San Juan y su embrujada noche” por su autora y ganadora del segundo premio de la XL Fiesta del Aquelarre Poético, Dña. Esther López Castro se procedió a la entrega de los cardos de plata.

Los galardonados fueron la coreógrafa Ruth de la Huerga; a Luciano Lago Padín, Director del Coro de Oleiros y de la Coral Fonte do Souto y al Director de Teatro Ricardo Martín.

La Meiga Mayor 2009 Jennifer Bermúdez, fue la pregonera de la Fiesta del Solsticio. Su brillante pregón encandiló a los presentes y animó a las meigas infantiles a vivir con ilusión y alegría las fiestas del San Juan, llevando con orgullo la banda impuesta por el Alcalde de A Coruña, Javier Losada.



Alberto Veira.

Álbum de fotos del acto.